la vida de Anastasio y Berenice en la isla
            • Por su parte, y dado que esta vida tan “cuidadosa” les aburre sobremanera, la pareja A decide marcharse, dejando a la pareja B con toda la isla para ellos. Pero como son más corto que las mangas de un chaleco, estos no parecen darse cuenta de la presencia mutua y pasan los días casi en la mayor indeferencia el uno del otro. El: pescando en la mar salada Ella: haciendo las labores del hogar, cuidando de la abuela, etc. Pero claro, la presencia de la abuela es fundamental para conseguir que estos pánfilos acaben por encontrarse. Para ello, hace 2 acciones diferentes: - mantiene una conversación llena de alegorías e indirectas para que la chica A se de cuenta de que dos jóvenes mozos, lozanos y hermosos, casi solos y casi desnudos en una isla desierta… - pero como la chica B parece no enterarse mucho, decide hablar también con el chico B, quien aún se entera menos que la chica B… Pero los esfuerzos de la vieja resultan vanos y estos no se enteran de nada. Hasta que un día, la chica B observa los musculosos brazos del chico B y empieza a sentir cosas que van más allá de lo que sintió cuando lo vio por primera vez (cabe recordar que pensaba que estaba muerto). A su vez, el chico B es “instruido” de forma muy natural por sus compañeros pescadores quienes no se explican que conviva con una “griega de esculturales formas” y todavía no se haya casado con ella (interprétese la palabra casado como convenga) Tras estos 2 hechos, “fundacionales”, los mozos B, se convierten en los amantes B y llevan su “amor” por todos los rincones de la isla. Este desafuero amoroso produce que la tía viejísima y sorda decida que ya está bien de desenfreno y frenesí y les conmina a que formalicen sus amores ante los dioses Y como no hay nada más convincente que una vieja sorda, pues acceden y, ante los dioses del templo del cual están encargados, formalizan su amor ante los dioses y los hombres. Acto seguido, comienza el declive de la pareja… Supongamos esta escena: Mientras el mozo B está en el mar, pescando, o en la montaña apacentando, la moza B y la tía viejísima y sorda, arreglan la casa. En un momento dado, la tía viejísima y sorda hace un aparte y mantiene una conversación de mujer a mujer con Berenice… Tras una larga jornada de trabajo, Anastasio vuelve agotado al hogar y, antes de entrar a la casa se encuentra con que Hebe y Berenice han decidido que tendrá que ir a por leña antes de cenar; y tendrá que poner la comida a las gallinas y tendrá que lavarse bien bien las manos y tendrá que… La rutina, las órdenes, los mandamientos, cercan a Anastasio e impulsan su alma a regiones lejanas, más allá de aquella isla y aquella pareja de brujas…