En otro lugar muy diferente hasta entonces, se encontraba Hebe, que ante el sueño que había tenido con Afrodita y motivada por las ansias de alargar los días de su vida, se propuso intervenir y aconsejar a Berenice sobre la relación que mantenía con Anastasio. A pesar de que Afrodita deseaba unir la relación, la anciana decidió que lo mejor sería separarlos. De hecho, empezó a pensar en todas las diferencias de la pareja hasta considerar que la única verdad era que no tenían futuro, y que sólo se habían unido por aburrimiento.
Mientras Anastasio se pasaba el día rodeado de sus ovejas y pensando en el quehacer, la anciana aprovechaba el tiempo que estaba a solas con Berenice para influir en la joven y convencerla de que Anastasio no era digno de ella, que no servía para nada y que su futuro con él sería triste y engañoso.
Por las mañanas, nada más irse Anastasio, la anciana empezaba a infundirle a nuestra querida Berenice palabras negativas sobre su amado y así ridiculizaba todo lo que pudiera hacer.

-¿Cómo es posible que puedas sentirte atraída por él?- Le decía la anciana- Se pasa el día rodeado de su rebaño, ¿qué encanto puede tener una persona que casi no sabe hablar, que no tiene fortaleza ni firmeza?. Ni al regresar del campo llega a ser algo cariñoso contigo, tal es el grado de ignorancia con el que te trata, como si tú formaras parte de su rebaño.

Berenice, ante las palabras de la anciana solo podía contradecirla, y así le contestaba que estaba equivocada, que Anastasio era un hombre caballeroso y educado con ella, pero que simplemente cumplía con su responsabilidad y por lo tanto no le podía exigir nada más.
Pero la anciana, sabiendo que su destino no era con tal hombre, no paraba de crear malignas opiniones sobre él, ya que constantemente estaba recordándole que su vida unida a Anastasio no sería una vida digna ni plena, porque no habría ninguna alegría, y que la rutina y la desilusión serían su única compañía.

- ¿Qué emoción tendrás con él? Si no es capaz de salir de su círculo pastoril... Yo te hablo de pasión, de amor, y tú estando con una persona cuyo mundo es su rebaño nunca lo llegarás a sentir.

Hebe, incansable en sus intervenciones, decidió poner a prueba a Anastasio sin que lo supiera él, para que Berenice comprobara con sus propios ojos que ella tenía razón y que lo único que quería era ayudar y aconsejarla como una vieja amiga temerosa de que pudiera sufrir un desengaño.
Cuando Anastasio volvió después de pasar un largo y duro día junto al rebaño, Hebe y Berenice le mandaron a por leña y él aceptó el encargo sin rechistar, ya que pensó que ellas no tenían la suficiente fuerza para traerla. Al día siguiente, cuando Anastasio regresó tras un día especialmente agotador, ambas volvieron a mandarle que fuera a sacar las gallinas del Templo, porque inexplicablemente se habían adueñado del lugar y ellas no sabían tratar con los animales tanto como él, ya que estaba acostumbrado a tratar con su rebaño. Anastasio, extrañado por la curiosa elección de las gallinas, que normalmente no se salían del gallinero, se encaminó hacia el Templo. Se podía percibir en su expresión la profunda resignación, pero aun así fue a recoger a las gallinas y cuando las llevó a su lugar, pudo comprobar que el gallinero estaba sucio y desordenado.

Iban transcurriendo los días, y nuestra Hebe pensó que sería mejor mencionarle a Amaranto y así Berenice empezaría a cambiar su pensamiento y poco a poco su actitud sobre Anastasio. Así fue como a los días Berenice sentía como echaba de menos a Amaranto y todo en torno a Anastasio lo veía de forma diferente; él no era tan perfecto como ella siempre había pensado. Era todo lo contrario: no sabía hacer nada y lo poco que llegaba a hacer lo estropeaba. En ese momento empezó a pensar que Hebe tenía mucha razón y que ella estaba equivocada con respecto a Anastasio.

En cuanto a Anastasio, por su parte, seguía con su rutina, pero era cierto que cuando llegaba a casa percibía que Berenice ya no era la misma que antes. Al principio no le dio mucha importancia, porque pensaba que eran las tramas de Hebe las que le hacían pensarlo, pero a medida que pasaban los días, los reproches eran cada vez mayores y por cosas insignificantes. Llegaban hasta un punto en el que él, después de su agotador día no necesitaba nada más que un poco de comprensión y de cariño, pero sabía que ninguna de las dos iba a dárselo, puesto que en esos últimos días la casa se había convertido en una lucha sin descanso, y cada vez pensaba más que eso nunca acabaría bien.

Finalmente Anastasio, ya cansado de tanta queja hacia él, se rebeló y les reprochó que ellas se pasaban el día en casa sin hacer nada y se limitaban a unas pequeñas tareas que resultaban mínimas, pero que en realidad no cumplían con sus obligaciones porque muchas veces no las hacían para dejárselas a él, y así después de un duro trabajo durante todo el día, tuviera que continuar trabajando.

-¡Todo el día peleando con las ovejas, sin descansar y pasando con un mendrugo de pan y un poco de vino! ¡Ésta es la forma con la que me agradecéis mi esfuerzo y mi sufrimiento diario!.- Anastasio no comprendía cómo podían llegar a ser tan injustas con él y sobre todo tener tan poca consideración después de toda su entrega.

Berenice empezó a arrepentirse de haber acogido en su casa a Anastasio, y comenzó a pensar que ella necesitaba a un hombre diferente, un hombre que fuera luchador, valiente, que la llenara del entusiasmo que le faltaba en su monótona vida. Y en cambio Anastasio no le ofrecía nada de lo que ella en verdad siempre había estado buscando, porque era débil, poco aventurero y la única cosa que sabía hacer bien en la vida era cuidar de su rebaño, un rebaño que al fin después de tanto tiempo no era capaz de llegar a controlar.
Hebe, por su parte, se alegraba de que su acción empezara a dar sus frutos y comprobó que sus deseos de querer que Berenice pensara diferente se estaban cumpliendo, incluso sin llegar a hacer muchos esfuerzos.
Anastasio, en estos momentos, empezó a entablar amistad con pescadores que también pasaban el día fuera de sus casas y tenían problemas similares a los suyos. Así fue como identificándose con ellos, y haciéndose verdaderamente amigos por todas las opiniones compartidas y coincidencias a la hora de vivir de forma diferente a los demás, empezó a pensar que su vida sería totalmente diferente a la de sus dos amigos enfrascados en esas peligrosas aventuras que habían hecho durante una larga travesía. Pero recordó como Amaranto había vuelto a su casa solo mientras había abandonado a su pareja a merced de sus raptores, y mirando a la infinitez de la mar, pensó que él nunca la hubiera dejado sola. Así fue como caminando con sus nuevos pensamientos, dio rumbo de nuevo a su casa.

Sabía que la situación en la casa era insostenible y por eso andaba con los pies pesados, porque sabía que cada vez empeoraría más. Berenice prácticamente no le hablaba, incluso él había veces que intentaba acercarse a ella para mejorar la relación, pero ésta siempre le rechazaba. En cuanto a Hebe era todavía peor, se había convertido en una anciana perversa con respecto a él, se burlaba de todo lo que hacía y aunque, él intentaba hacer las cosas lo mejor posible, ella siempre le encontraba defectos a lo que pudiera decir o hacer con la excusa de que en un futuro se lo agradecería.



Este era el momento que tanto estaba esperando la anciana voluminosa, ya que con un ruido seco se sentó en su silla para descansar, después de todo el intenso relato que había narrado. Cogiendo un trozo de pan empezó a comer balanceándose mientras disfrutaba de cada mordisco que le daba.

Texto: Irene, Celeste, Begoña, Vicente
Modificaciones: Irene, Celeste, Sara, Carmen J.
Correcciones: Sara